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¿Sueño o Realidad?

Enviado por Marcela Campos Moncada el miércoles, 07 diciembre, 2011 a las 10:13:00 AM

 Molina Chile

Con los ojos hinchados de tanto llorar, con el corazón despedazado, con el alma hecha trizas; pero convencida, Mariana se secó la última lágrima de la mejilla y se decidió a no derramar una más por culpa de Pedro.

Se dio la vuelta para dormir y volvió a ver el espacio vacío en su cama, un sitio disponible en la otra mitad; sintió nuevamente el dolor de su partida. Pedro la había dejado y no había tenido siquiera la oportunidad de despedirse; cerró los ojos y después de un desfile de recuerdos en su mente se durmió.

Se sumergió en un tumulto de sueños...

Mariana soñó que estaba acostada en aquella blanca cama de motel, donde por primera vez se entregó a su hombre, donde volvió a sentir el sabor dulce del sexo opuesto, donde corroboró que SÍ, que era una mujer y que sentía.  Soñaba con Pedro, en sus sueños venían a la memoria candentes e inolvidables momentos, que seguramente solo ella y él recordarían para siempre.  Dentro de lo difuso de cada parte, aun podía comprender y reconocer algunos episodios; por ejemplo, soñó aquella vez que saliendo de un bar y con las pasiones rebosándose, decidieron pasar un rato más juntos, para eso se estacionaron al borde de una estación de ferrocarriles y comenzó la desesperada búsqueda del placer, manos y labios filtrándose por entre cada espacio húmedo y tibio, prendas de ropa empezando a desaparecer de su lugar, ímpetu que los hizo perder la noción del tiempo y el espacio, sobretodo del espacio; encontrándose a punto de fundirse en aquella deseada intimidad y concretar los actos; cuando de súbito golpearon el empañado vidrio del auto, con el pudor un poco trastocado y la adrenalina interrumpida, Pedro bajó el vidrio mientras Mariana cubría aquellas partes de su cuerpo que podrían ser impúdicamente vistas, sin embargo, nada pasó, amablemente el guardia les señaló que era un recinto privado, se marcharon de ahí, al fin y al cabo, nunca faltaba algún callejón donde encallar y poder terminar lo que hasta entonces habían construido:  profuso deseo.

Fin de la primera parte del sueño...

Bañada en sudor y calidez Mariana despertó, aunque el recuerdo de Pedro le causaba dolor, también podía admitir que todas las situaciones que juntos vivieron fueron maravillosas.  Volvió a dormirse, y reapareció el sueño...

Retornó Pedro a su espejismo inconsciente, esta vez soñó otro escenario ya vivenciado, Mariana se encontraba en una celebración con sus colegas, un grupo bastante ameno hasta ese momento, junto a su amiga Bárbara habían dado rienda suelta a las emociones después de una fuerte dosis de productos etílicos, con conversaciones profundas que en más de alguna ocasión les causaban dolor, entonces para evitarlo, otra copa era suficiente, a eso sumado el ingenioso juego de la "cultura chupística" y otras tonteras que aparecían en la mente desquiciada de alguno de sus amigos; pero ya llegaba el momento de irse y Pedro fue a buscarla, siempre preocupado de su integridad y de su seguridad. Apenas llegó, Mariana fue inundada de una necesidad vital de estar junto a él, disimuladamente lo apartó del grupo y lo llevó al fondo de la casa de campo en que se encontraban, estando allí, una especie de leñera los acogió, espacio en el que Mariana se despojó de ropas y prejuicios y siguió sus instintos más escondidos para encontrar junto a Pedro el placer anhelado.  Se mezcló en este sueño otra situación, otro encuentro de amigos, en un campo lleno de lugares paradisiacos, los cuerpos comenzaron a sentir el deseo y mientras todos gozaban con música, alcohol, bailes, karaokes, comida; ellos perdidos en un rincón también gozaban, pero de la entrega mutua y la fusión de los cuerpos.

El calor volvió a despertar a Mariana, le costaba disociar los recuerdos de la realidad en que se encontraba ahora, sin la compañía de su fogoso compañero, con quien lograba viajar a los lugares más recónditos del placer femenino con solo tocarla.  Sus sueños, se encontraban todos cargados de connotaciones sexuales, recuerdos fogosos, eróticos y de entrega absoluta.  Sin duda, era lo que más los había unido, la capacidad mutua de entregarse y recibir placer, sin pudor, sin prejuicios, sin vergüenza, con una comunicación tal, que todo era permitido entre ellos.

Volvió a dormirse pensando en el fuerte cuerpo de su amado, aquél que tantas veces recorrió con sus manos, con sus labios, con su lengua,  conociendo y reconociendo cada lugar que le otorgara un poco de humedad y de placer.  El siguiente sueño tenía como contexto esa tarde de sábado, después de una semana estresante, en que el cuerpo de Mariana necesitaba de una sobredosis de energía y una recarga de descanso, fue por esto que Pedro decidió llevarla a aquél cálido motel, en el que semana a semana ambos cuerpos ansiosamente se encontraban, entraron a la habitación, en la que había una tenue luz, música suave, el jacuzzi llenándose de agua tibia, sales relajantes y espuma, los cuerpos desnudos empezaron a deleitarse en la calidez del fluido acuoso que acariciaba aquellas  zonas que encienden las pasiones, un vaso del delicioso late harvest, se inicia el roce silencioso que busca desatar el incendio de los cuerpos fundidos en uno solo.  Pedro entra  en el cuerpo de Mariana, oleadas de placer comienza a invadirlos, luchando con la gravedad del agua tibia del jacuzzi  inician el balanceo, la búsqueda de la posición perfecta para lograr el éxtasis.  En el minuto en que Mariana se acercaba al instante cúlmine, al clímax, segundo previo al desenfreno total, un ruido extraño los interrumpió y al mismo tiempo un dolor intenso en el brazo la desconcentró, había sucedido algo insólito, con el codo de Mariana se quebró el espejo que rodeaba el jacuzzi, elemento de dos metros de alto y de cuatro metros de ancho, la sangre empezó a correr por su brazo, dejaron el jacuzzi y terminaron la acción sensual en la cama blanca del cálido motel.

Mariana de un golpe se despertó, un fuerte ardor le consumía el brazo derecho, tenía la misma sensación que el espejo le causó, un líquido ardiente empezó a recorrerle, no sabía si aun soñaba o si estaba en vigilia, trató de mover su brazo, pero algo le inmovilizaba, no podía hacerlo, se incorporó como pudo, vio la sangre corriendo por su miembro, se dio vuelta hacia el costado vacío de la cama y sin saber aun si era una ilusión óptica, sin resolver si estaba enloqueciendo, sin poder desasir la realidad de la fantasía, vio a Pedro a su lado, quien desesperadamente la abrazaba y le clavaba sus uñas en el brazo, logrando lacerarlo. 

Sólo lo miró, no entendía nada...

¿Sueño o realidad?

Marcela.

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pau
pau el jueves, 12 enero, 2012 a las 2:28 PM

solo quiero que Pedro este ahi, deseo que sea realidad..... linda historia Marce... un abrazo.


Juan
Juan el viernes, 16 diciembre, 2011 a las 3:27 PM

Para mi definitivamente, al menos en la primera parte es realidad...Cariños Marcela....Muy buenas tus historias


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