
Todos aquellos cuentos que de niña nunca me gustaron han acudido este último tiempo a mi mente, quisiera contárselos a mi hija, pero ella que es mucho más crítica que yo a su edad, ni siquiera los escucha. ?Tienes que contarle cuentos y hacerle preguntas de comprensión?, me dice constantemente su tía de pre kínder, quien se empeña en hacerme ver, hasta con cierto placer en su cara, los graves problemas de asociación y de comprensión que mi niña tiene. Tengo que contarle uno, lo sé, pero?. ¿cuál? Lo intenté con los clásicos; la caperucita roja, blancanieves, la bella durmiente; no me escucha, es evidente que prefiere verlos de manera animada por Youtube; ?Mamá, ponme un video en el compu?? es su frase y claro, ella los consume y su memoria los maneja al revés y al derecho, yo la interrogo y todas sus respuestas son correctas. Como profesora de lenguaje, maniática con el tema de la comprensión lectora, tengo claro que comprende, entonces sigo buscando para encontrar alguna estrategia que la ayude y la proteja frente a la evaluación instigadora de los demás.
Entonces alumbrada, por no sé qué luz, decido escribirle un cuento, pero uno que no sea como todos, que esté hecho para el nivel de inteligencia que ella posee, que para mi va por sobre lo normal y para su tía es descendido. Emprendo la aventura?
?Había una vez? un hermoso volantín de color verde mar, éste tenía encargada una misión, el rey de los volantines le había pedido que fuera por el mundo visitando todos los lugares, de ricos y pobres, y que registrara en su memoria todo aquello que considerara importante.
El volantín verde mar, comenzó su viaje, voló y voló, siempre con la ayuda del buen viento. En cada ciudad registraba distintas situaciones, no podía evitar captar todo lo que sucedía con los niños, el volantín tin tin, que así se llamaba, había sido creado con el fin de ser un juguete infantil, pero por su belleza, su gran nobleza y lealtad, había designado como mano derecha del rey y por su cargo era enviado siempre a situaciones especiales, esta era una esas, el rey volantín quería ayudar con sus poderes especiales a todas las personas buenas que estuvieran sufriendo.
Tin Tin quedaba impresionado con todas las historias de los niños. Un día en que el viento Sur soplaba fuertemente llegó a Chile, un país largo y angosto que está en el último lugar del mundo; pasó por muchas ciudades y pueblos, hasta que llegó a uno muy pequeñito llamado Lontué, en la VII región. Desde el cielo observó muchos hogares, pero en uno de ellos, vio a una pequeña niña, una princesita que jugaba alegremente en su columpio, el volantín tin tin la miraba y a miraba flotando en el espacio, sentía la intriga de acercarse, pero era una regla que no podía bajar a menos de 100 metros y se encontraba en el límite, pero la atracción que la niña ejercía sobre él era muy fuerte. Pasaron los días y el volantín no se movía de su lugar, solo quería ver y observar a la niña; la veía salir todos los días en la mañana de la mano de su madre al colegio y ansioso esperaba su llegada a la hora de almuerzo, para verla por entre las cortinas como jugaba todo el día. Tin Tin tenía una tremenda curiosidad por saber que era o que hija y madre conversaban día a día, la niña sobre las piernas de su madre, quien con fervor la acariciaba.
El volantín Tin Tin empezó a sentir nostalgia y angustia por no poder romper la barrera del espacio que los separaba, hasta que un día de fin de semana descubrió a la madre pensando con mucha preocupación, después de verla escribir un rato, observó cómo una vez más tomó a su hija sobre sus piernas y algo le contaba? volantín no pudo soportarlo más y sin pensar en las consecuencias se acercó hasta cuando pudiera escuchar?. Tin Tin oía como la madre le decía a su hija? ?Ven mi amor, que te voy a contar un cuento del volantín Tin Tin, que era un hermoso volantín verde mar??
La niña abrió sus tremendos ojos azules y le dice a su madre: ?Mamá, mamá, soy yo!... Sí mi amor, eres tú. Ella había comprendido el cuento. Su madre con suma complacencia le sonrió, mientras Tin Tin le cerró un ojo por entre las cortinas?
Marcela.













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